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Francisco García Calderón Landa




(Nació en  Arequipa, Perú, 2 de abril de 1834 - murió en Lima, Perú, 21 de septiembre de 1905) fue un jurista, militar, político y diplomático peruano, y Presidente del Perú durante un breve periodo en 1881.

Pero la mayor parte de su obra poética se halla dispersa en revistas y publicaciones eventuales.


Primeros años


Hijo del notable juez arequipeño, Eduardo García Calderón y Crespo y de María Ventura Martínez Landa y Corbacho, estudió en la emblemática Institución Educativa Glorioso Colegio Nacional Independencia Americana de su ciudad natal, donde ejerció como profesor de filosofía y matemáticas.


Eminente jurista, su Diccionario de la Legislación Peruana ha sido reiteradamente elogiado por su valor académico. Fue convencional constituyente en 1860, diputado nacional y presidente de la Cámara en 1867 durante el primer gobierno de Mariano Ignacio Prado.


En 1868 ejerció por un breve lapso como ministro de Hacienda.


Fue por muchos años, gerente general del Banco de La Providencia y desde esa posición, un notable influyente en la economía nacional.


Según su descendiente, José García Calderón Bustamante, el ex presidente nació en la calle San Francisco número 306, y no en la calle Zela como siempre se ha creído.



Presidencia del Perú


A fines de 1879 se produjo el golpe de Estado de Nicolás de Piérola, quien se proclamó Jefe Supremo, instaurando la dictadura.

Paralelamente la "Junta de Notables" de ciento catorce personas presidida por Aurelio Denegri Valega, acordó constituir un gobierno provisional, presidido por el doctor Francisco García Calderón (22 de febrero de 1881), cuyo propósito sería entrar en negociaciones con los chilenos a fin de lograr el retiro de sus fuerzas de ocupación.​ Le correspondió a Denegri leer ante una muchedumbre y desde el balcón de la Municipalidad de Lima el acta de organización del nuevo gobierno.

[...]Se presentaron también las candidaturas del propio Denegri, la de Antonio Arenas y la del ausente Lizardo Montero, que obtuvieron votación minoritaria. Repárese que los civilistas tomaron en cuenta a Montero, pese a que este había aceptado el encargo de Piérola de asumir la jefatura política y militar de los departamentos del norte. 

El diario chileno La Actualidad informó pormenorizadamente sobre el desarrollo del acto eleccionario y consignó que García Calderón obtuvo la victoria «casi por unanimidad» en una votación secreta que solo registró a 114 electores. Al agradecer a los «notables» tal apoyo, y considerarlo como la voluntad de todo el país —tremenda pretensión—, el flamante presidente provisorio recordó: que al decir en la víspera que era una infeliz víctima el individuo sobre cuyos hombros iba el país a echar la carga del Gobierno, lejos estaba de pensar que esa víctima era él; pero que al ser designado por la parte más notable del pueblo de Lima, sin haber solicitado ni pedido sus sufragios, no omitiría sacrificio alguno para corresponder a la confianza que se le hacía y salvar al Perú de la situación actual y  de sus múltiples exigencias, en la inteligencia de que él se proponía gobernar con todos, o mejor dicho, que el pueblo, por su órgano, gobernaría (La Actualidad, 23 de febrero de 1881). 

Demagogia pura, con una retahíla de lugares comunes, promesas que no pasaban de ser eso, farsa de democracia propia de un país anárquico, en la que algo más de cien señorones, a requerimiento y con apoyo del invasor extranjero, eligieron a uno de ellos para defender no los intereses de los millones de peruanos, sino los de su grupo económico. En esto los chilenos fueron sorprendidos, pues en principio creyeron haber formado un Gobierno títere que sin más aceptaría la paz con cesión territorial. 

Fue con este equivocado convencimiento que los plenipotenciarios chilenos, señores Juan Francisco Vergara y Eulogio Altamirano, dieron su visto bueno al nuevo régimen, y hasta ofrecieron en privado entregar al flamante Gobierno la ciudad de Lima y las entradas de la aduana de Ancón, y se reservaron ocupar el Callao militarmente mientras se firmaba la paz definitiva, sin perjuicio de acordar un armisticio a fin de facilitar la consolidación del nuevo Gobierno con las adhesiones de los pueblos (Buenaventura Seoane, 1903, p. 83). 

Pero a cambio de ello exigieron la inmediata negociación del tratado de paz, sin variar sus apetencias respecto al territorio del guano y del salitre, a lo que García Calderón se negó con calculada cortesía, aduciendo que le era preciso reunir previamente al Congreso. Los chilenos retiraron entonces el citado ofrecimiento y se limitaron a declarar como territorio neutral el caserío de La Magdalena, donde el 12 de marzo se instaló con toda pompa el Gobierno provisorio. Una correspondencia española daría este detalle: 

Se ha establecido ya un Gobierno provisional que reside en Magdalena, donde flamea el pabellón peruano en virtud de arreglo con los chilenos. Esa población se halla a dos millas de Lima; ha sido lugar de temporada desde que los virreyes primero y después Bolívar la escogieron como residencia campestre. El pueblo ocupa una posición preciosa; está rodeado de huertos bien cultivados, pero su aspecto no corresponde al rango de capital. El día 12 quedó instalado el Gobierno en presencia de gran número de personas que salieron de Lima a las ceremonias de inauguración y a demostrar que están resueltas a sostener el orden de cosas que ha surgido de los acontecimientos. [...]


Lima, el Magdaleno y los chilenos Lima, Luis Guzmán Palomino. 


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Gestiones de Paz


En vista de que los chilenos no reconocían a Nicolás de Piérola como autoridad, García Calderón es entonces reconocido por éstos como jefe de gobierno. Finalmente, para evitar mayores males, el presidente Piérola terminó por renunciar el 28 de noviembre de 1881.


Una de las condiciones chilenas para el término de la guerra era la cesión de territorios, asunto en el que no se avanzaba en las negociaciones con García Calderón que contaba con el respaldo de los Estados Unidos de América en esta cuestión.


El día 25 de agosto de 1881, el embajador de los Estados Unidos en Perú, Mr. Hurlbut, envió una carta al contralmirante Patricio Lynch, el jefe de las fuerzas de ocupación chilenas, donde le informaba claramente que los Estados Unidos apoyarían al Perú en el sentido de no ceder un pie de su territorio a menos que se demostrara que el Perú no iba a ser capaz de pagar una indemnización de guerra de alguna otra manera.


Lynch no contestó la nota. El día de 18 de septiembre, asume en Chile el presidente Santa María, y el día 28 del mismo mes, Lynch suspende el gobierno de García Calderón. El día 6 de noviembre el señor García Calderón es arrestado y deportado a Chile en el blindado "Almirante Cochrane" por negarse a ceder Tarapacá y Arica, con lo que termina su participación en los acontecimientos como Presidente del Perú.


En el Perú lo sucedió el contralmirante  Lizardo Montero Flores, quedando como Jefe del Gobierno instalado en Arequipa.

Cautiverio en Chile

En Chile, García Calderón, si bien fue recibido con cortesía por las autoridades chilenas, continuó siendo presionado para que aceptase las condiciones de paz que Chile quería imponer al Perú. Pero él, inflexiblemente, se negó a todo trato de paz que involucrase cesión territorial. Esto le ocasionaría represalias, en lo concerniente a las comodidades que debía recibir en su calidad de mandatario. Sufrió también ataques a su honra, como aquella calumnia que aseveraba que su negativa a ajustar la paz era por un interés personal, por estar vinculado a la Compañía Salitrera del Perú, habiendo, supuestamente, exigido que se pagaran los adeudos a dicha empresa.3 Le acompañó en el destierro su esposa Carmen Rey y Basadre, hija de quien fuera durante veinticinco años cónsul de Chile en Arica,4

En el Perú le sucedió el contralmirante AP Lizardo Montero Flores, como presidente provisorio instalado en Cajamarca, luego en Huaraz y finalmente en Arequipa.

La política de los Estados Unidos respecto al arreglo de paz entre Perú y Chile sufrió un viraje total luego del asesinato del presidente estadounidense James Garfield y la renovación de su gobierno; tras haber apoyado una paz sin cesión territorial, el nuevo gobierno estadounidense instigó al Perú a que firmara la paz con cesión de Tarapacá y aun con la entrega de Tacna y Arica a cambio de una compensación pecuniaria.

Estando García Calderón retenido en Valparaíso, nació su hijo, el futuro escritor Francisco García Calderón Rey. En ese puerto, sin embargo, continuó ejerciendo su influencia en los asuntos concernientes al futuro de su patria a través de correspondencia para evitar la cesión de territorios, aún a riesgo de mayores rigores en su contra, los que finalmente se produjeron al ser relegado a la entonces atrasada ciudad de Rancagua, donde se le limitó casi en absoluto su capacidad de comunicación con el exterior. Su hijo, el también escritor Ventura García Calderón, rememorando los relatos de su madre, describió el ambiente hostil que el presidente peruano debió sufrir durante su cautiverio en Chile:

"No, no se me ha borrado de la memoria lo que tantas veces escuché referir a mi madre con los ojos llenos de lágrimas: al hijo que nace en Valparaíso [Francisco García Calderón Rey] le dan por cuna irrisoria un cajón de Burdeos; el Arzobispo de Santiago, olvidando sus deberes y la caridad evangélica, exige que el niño por bautizar sea inscrito en el registro bautismal como ciudadano chileno; por eso mi hermano Francisco sólo pudo ser cristianizado en Buenos Aires. En Rancagua, cuando quiere el enemigo romper la férrea voluntad de su víctima le da por alojamiento una sucia barraca hedionda a cuya puerta cerrada acuden en las noches los rotos ebrios de la cantina próxima echando sonoramente el pecho del caballo y gritando: "Muera el Presidente García Calderón". Dos mujeres temblorosas, mi madre y mi abuela, escuchaban en la sombra, sin dormir, la amenaza que pudo hacerse efectiva...".


Post-presidencia


Estando retenido en Valparaíso, nace su hijo, el escritor Francisco García Calderón Rey. En ese puerto, sin embargo, continúa ejerciendo su influencia en los asuntos concernientes al futuro de su patria a través de correspondencia para evitar la cesión de territorios, aún a riesgo de mayores rigores en su contra, los que finalmente se producen al ser relegado en Chile a la entonces atrasada ciudad de Rancagua, donde se limitó casi en absoluto su capacidad de comunicación con el exterior.


Según testimonio de personeros extranjeros que tuvieron la facultad de visitarlo en el exilio, el señor Calderón y su familia dieron en todo momento, y pese a las adversidades, muestra de dignidad y espíritu inquebrantable. Al ser liberado, García Calderón vuelve a Lima con su esposa, Carmen Rey y Basadre, hija de quien fuera durante veinticinco años cónsul de Chile en Arica, y su hijo. En 1884, fue electo senador y nombrado presidente del Senado.


Fue rector de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en dos oportunidades, entre 1886 y 1891 y desde 1895 hasta su muerte. A su vez, el 30 de agosto de 1887 fue elegido como primer presidente de la Academia Peruana de la Lengua, que había sido creada por Ricardo Palma el 05 de mayo de ese mismo año .


Falleció en la ciudad de Lima el 21 de septiembre de 1905.


Funerales del Doctor Francisco García Calderón en Lima (Revista Prisma, composición fotográfica Moral.)



Monumento a Francisco García Calderón Landa, en el distrito de Pueblo Libre, Lima.

Obras


* Diccionario de la Legislación Peruana (1859-1862)
* Réplica al alegato del Ecuador (1896)
* Memorias del cautiverio (1949)






Predecesor:
José Jacinto Ibarra
Presidente del Congreso Constituyente del Perú
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15 de septiembre de 1867 - 15 de noviembre de 1867
Sucesor:
Receso del Congreso
Predecesor:
Juan Ignacio Elguera
Ministro de Hacienda y Comercio del Perú
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4 de agosto de 1868 - 15 de diciembre de 1868
Sucesor:
Nicolás de Piérola Villena
Predecesor:
Nicolás de Piérola Villena
Presidente Provisional de la República del Perú
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12 de marzo de 1881 - 6 de noviembre de 1881
Sucesor:
Lizardo Montero
Predecesor:
Juan Antonio Ribeyro
Rector de la Universidad de San Marcos
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1886 - 1891
Sucesor:
Ramón Ribeyro
Predecesor:
Francisco Rosas
Presidente del Senado de la República del Perú
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28 de julio de 1886 - 28 de julio de 1887
Sucesor:
Francisco Rosas
Predecesor:
Francisco Rosas
Rector de la Universidad de San Marcos
1895 - 1905
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Sucesor:
Luis Felipe Villarán

Referencias
  • Alejandro Salinas Sánchez. Estudio Socio-Histórico del Epistolario Meiggs (1866-1885), pp. 70; 95.
  • Camprubí Alcazar, Carlos. Historia de los Bancos del Perú, pp. 345-346.
  • Basadre 2005, tomo 9, pp. 235-236.
  • Martí y Blaine en la dialéctica de la Guerra del Pacífico (1879-1883). p. 137. Consultado el 24 de noviembre de 20.
  • Lima, el Magdaleno y los chilenos Lima, Luis Guzmán Palomino. Revista: Desde el Sur | Volumen 10, número 1, Lima 2018; pp. 37-66 


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